Así vivo diciembre sin perderme en el consumo excesivo (ni en la culpa)

Así vivo diciembre sin perderme en el consumo excesivo (ni en la culpa)

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Así vivo diciembre sin perderme en el conusmo excesivo

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Durante muchos años, diciembre para mí no tuvo nada que ver con decorar la casa. Cuando nos casamos, siempre pasábamos Navidad visitando a la familia, así que el apartamento quedaba tal cual: sin árbol, sin luces, sin la presión de tener “la casa perfecta para diciembre”.

Y así se nos fueron varios años.

Después nos mudamos a la finca y la historia fue igual, pero por razones distintas: estábamos enfocados en arreglar la casa, sembrar árboles y en aprender a vivir este nuevo ritmo. La decoración navideña simplemente no era prioridad… y con el tiempo descubrimos que nos gusta que sea así.

Hoy creo que la decoración navideña más sostenible es la que ya tienes.
Por eso aquí seguimos usando lo mismo: cosas naturales que encontramos en el jardín, algún centro de mesa sencillo, una coronita hecha con ramas, una estrella de papel, un mantel o unos individuales que sirven para cualquier época del año. Nada desechable o hecho de plástico. Y la verdad: se siente suficiente.

Lo que sí aprovecho de diciembre: limpiar, revisar y soltar

No tengo la casa llena de adornos, pero sí tengo una costumbre que me encanta: diciembre es mi mes de limpieza profunda.

Reviso closets, cajones, papeles, frascos… todo lo que acumula polvo y decisiones pendientes.


Saco lo que ya no sirve, regalo lo que todavía puede vivir en manos de otra persona, y dejo espacio para empezar el año con más claridad y menos peso. Para mí eso también es sostenibilidad: hacer que lo que tengo dure, circule o se use de verdad.

Y sobre la ropa… también cambié el chip

Cuando era niña, en mi casa era tradición estrenar ropa el 24 y el 31. Era lo normal, casi un ritual.
Pero ahora que soy adulta (y compro ropa en otras épocas del año, cuando realmente la necesito), me di cuenta de que no tengo que seguir ese patrón.

Sí, las tentaciones están ahí. La publicidad en diciembre es insistente. Las ofertas, las vitrinas, las ideas de “necesitas algo nuevo para cerrar el año mejor”.
Pero hago el esfuerzo de vestirme con lo que ya tengo. Repito prendas, combino de otra forma, rescato cosas olvidadas del clóset. Y cada vez se siente menos como una renuncia y más como una decisión consciente… mía, no del calendario comercial.

Así es como vivo diciembre ahora

Con menos compras impulsivas.
Con menos ruido visual.
Con menos presión de “lo que debería hacer”.

Y con más calma, más intención y más gusto por lo cotidiano: una casa limpia, decorada con lo que ya existe, ropa que ya conozco y una vida que se siente coherente con mis valores.


Diciembre se volvió un recordatorio de que no necesito más cosas para sentir más Navidad.

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